Mercado Central de Santiago, con mirada de turista

Ubicado frente a la ribera sur del Río Mapocho y a solo pasos de la estación de metro Puente Cal y Canto, se encuentra el Mercado Central, creado por el arquitecto Fermin Vivaceta, conectando la zona norte de la capital con el centro de esta misma.

El entorno del Mercado Central, junto a la estación Puente Cal y Canto.

La construcción de esta obra comenzó en el año 1869 y finalizo tres años más tarde. Sin embargo, la inauguración del lugar fue en el año 1982 durante la “Exposición Nacional de Artes e Industrias” organizada por el intendente de ese entonces, Benjamín Vicuña Mackenna y bajo la presidencia de Federico Errázuriz Zañartu, quedando sujeto a cambios y mejoras durante los años próximos. El último fue en 2004, cuando se intervino el entorno del recinto reordenando su fachada con el fin de realzar el desplante urbano que se vive a diario y elevar su valor patrimonial.

El Mercado Central de Santiago fue declarado Monumento Nacional en 1984, está compuesto por una diversidad de locales en donde la venta de mariscos, pescados, frutas, verduras, carnes, artesanías, entre otros, destacan algunas de las cosas más típicas del país. También ofrece a sus visitantes un amplio abanico de comercio además de variados de restaurantes que permiten deleitar el gusto de todos los paladares disfrutando sabrosos platos de nuestra cultura criolla.

Un local de artesanías, ubicado al interior del Mercado Central.

 

Tras la antigüedad y belleza de su arquitectura, su estructura metálica de fierro galvanizado fundido en Inglaterra, el alegre y acogedor ambiente que ofrecen los propios locatarios, lo expuesto en el ámbito comercial y el haber sido reconocido por National Geographic como uno de los 5 mejores mercados del mundo en el año 2012, es un lugar bastante concurrido por los turistas.

Locales de comida, especializados en platos con productos del mar, caracterizan al Mercado Central.

La entrada al recinto es gratuita y se encuentra a disposición de la gente durante toda la semana con los siguientes horarios: de domingo a jueves desde las 07:30 a las 17:00 horas, viernes de 07:30 a 20:00 y el día sábado de 07:30 a 19:00 horas.

Sabores populares: Caldo de pata

Estación de Metro Cal y Canto.

Este es un recorrido gastronómico. Pero no cualquiera, sino que uno popular, hecho para estómagos resistentes. Así que, a prepararse.

Para llegar, podemos llegar en metro hasta la Estación Cal y Canto en la línea 2 y salir hacia Av. La Paz / Recoleta para llegar a la “Vega chica”, frente a la Vega Central.

Entre las degustaciones que encontramos, está el infatigable y reponedor carro de sopaipillas con pebre y té para quien haya despertado con hambre.

Sopaipillas con pebre a las afueras de la Vega.

La idiosincrasia popular propia de este lugar es lo que primero nos puede llamar la atención, lleno de mucha actividad y de los simpáticos personajes del sector.

Frontis “Mercado Vega Chica”, siempre lleno de actividad .

 

Al adentrarse entre los olores de la Vega Chica, los sentidos comienzan a diferenciar entre los diversos aromas emanados por las cocinerías del colorido mercado.

Ahí donde ocurre la magia: mesas en los pasillos, variadas ofertas y la promesa de buenos sabores y una buena atención.

El elegido para el gran final de esta expedición, es el local N°76 “Coma y Punto que ofrece un amplio menú de comida casera a un muy buen precio, comenzando desde los $1.300.

La carta del menú se encuentra a la vista: precios sin sorpresa.

El plato que es la estrella del local, es el “caldo de pata” con cilantro y pebre. Según la descripción de la mesera “es lo mejor para la caña”, según asegura entre risas.

Abundante y bien presentado llega el “Caldo de Pata”.
Degustación del plato.

Visualmente quizás “la pata” quizás sea invasiva ya que ocupa gran parte del plato. Sin embargo, el sabor que entrega es de lo mejor. Se recomienda comenzar por la sopa, cargada de aliños y verduras, para luego atacar la pieza principal.

Es algo que alguna vez lo deberíamos probar, así que quedan todos invitados a conocer y comer en la “Vega Chica”.

 

Pequeños que cuentan historia, diorama Puente Cal y Canto

Fantasma y creaciones mentales, son solo supuestos eternos que nos convocan en la vida, dudas que son parte del ser humano desde su génesis social. Cuán imaginativo puede llegar a ser ciertos hechos situacionales, pero muchas veces olvidamos la tensión de la realidad por sobre la ficción.

Cuando me adentré en una de las estaciones de metro más concurridas de la capital, fue solo parte de unos minutos darme cuenta de lo emocionante que puede llegar a ser encontrarse con algo que nadie espera. Así mismo se deben haber sentido esos excavadores al hallar los vestigios de un antiguo puente en las entrañas de Santiago. Me refiero al colonial Puente Cal y Canto.

A pesar de que se tiene un vasto conocimiento de dónde y cómo estaba construido el Puente Cal y Canto, se tiende a ignorar que cuando fue minado en el año 1888, quedaron algunos restos bajo tierra, de los cuales se tenía total desconocimiento.

Efectivamente, mientras ingresaba a la estación de metro, me percataba de lo grande que era, por lo cual algo me hacía presagiar de lo importante que fue en algún momento para las personas del sector norte de Santiago.

La idea arquitectónica de Cal y Canto, puede ser distinta a las demás, ya sea por sus colores o paredes llamativas. Sin embargo, no puedo dejar escapar algo que la destaca por sobre las demás, una particularidad, algo que puede sin duda asombrar a un santiaguino o turistas. Estoy hablando de un diorama (maqueta de pequeñas personas) que puede asombrar a cualquiera, obra de Rodolfo Gutiérrez  “Zerreitug”.

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Diorama del que fue el Puente Cal y Canto (foto de metrosantiago.cl )

Sin duda alguna es un lugar para conocer, pues más que una estación, es prácticamente un museo y de entrada liberada. Mi posición es simplemente acercar a las personas a conocer este pequeño punto de Santiago, ya que entrega un espacio del cual se puede  disfrutar cualquier día de la semana.

 

Carlos Davis