A un corte de lo clásico

El Barrio Yungay pertenece al casco histórico de la capital. Con edificaciones construidas desde siglo XIX, su estilo europeo clásico enamora a cualquier transeúnte que visite sus avenidas.

Sin embargo, la arquitectura no es tan importante como la gente que la ocupa. Y esto se refleja especialmente en lo que se vive en la esquina de Compañía de Jesús con Libertad, donde la cultura del viejo continente se une con la historia chilena.

Estamos hablando de la Peluquería Francesa.

Parte del edificio es ocupado por el Boulevard Lavaud.

Peluquería y restaurante

La peluquería comparte el edificio con un restaurante, que por cierto se llama Boulevar Lavaud, en recuerdo de los ancestros, me recibe nada más ni nada menos que un… francés. Vestido de traje y corbata en el hall para los asistentes al local, me da la autorización a fotografiar este tan reconocido sitio.

Salones con paredes decoradas de diversos  objetos, fotografías, artículos de dioarios y/o revistas del siglo pasado, el restaurante  se vuelve mágicamente en una ventana al pasado, un verdadero museo de este tradicional barrio capitalino.

No bastándole con sus salones de comida, el recinto cuenta con dos espacios que son simplemente para la contemplación de las personas que disfrutan de las reliquias históricas: El Almacén y el Coleccionista.

Salón del Boulevard Lavaud que lleva el nombre de calle Libertad.

Peluquería Francesa

Siguiendo con el recorrido, no podía faltar obviamente la razón del nombre del lugar: la peluquería.

Es aquí en donde me encuentro con Patricio Salinas, Chef Ejecutivo del restaurante, quien justamente se estaba cortando el cabello y afeitándose la barba.

Patricio, mientras se realizaba el corte, me cuenta que la peluquería funciona desde 1868 y que el restaurante se abre a comienzos del año 2000. “El restaurante lo abre Cristian Lavaud, el cuarto de su generación y dueño del local. El compra el terreno de al lado y lo arregla y después compra el de más atrás y así va formando lo que es el Almacén y el Coleccionista y el salón La Democracia que están ahora”.

Patricio cuenta además, que fue compañero de Cristian desde el colegio y que siempre se ha mantenido relacionado con el local.

Continuando con mi estancia en la peluquería, y con música de The Baseballs de fondo, hablo con Carlos, el jefe de los peluqueros. Cuenta que este lugar es de los pocos en Santiago que mantiene el procedimiento de la barbería clásica, ese de los años 50 y 60: “Ahora está lleno de colombianos y venezolanos que te ponen gel de queratina y simplemente te afeitan con máquina. Aquí te ponemos la crema afeitadora, las toallas calientes y te afeitamos con navaja” dice Carlos.

Procedimiento muy minucioso y relajado, que pude observar mientras Carlos atendía al chef Patricio.

Carlos, en el local de la Peluquería Francesa.

Finalmente, mi visita en la peluquería termina justo cuando Carlos culmina de afeitar a Patricio, quien, con una gran sonrisa y mostrando su afecto en abrazo hacia al barbero, parece haber quedado más que satisfecho con su rasurada.

En tanto, yo me retiro pensando en las ganas de que algún día me saliera barba para poder asistir al local como cliente y poder presumir de mi afeitada al estilo clásico… Algún día será.

La Peluquería Francesa en video:

Barrio Yungay: Un reencuentro con la idiosincrasia chilena

El Barrio Yungay es considerado como uno de los sectores más atractivos culturalmente de la Región Metropolitana. Sus límites específicos del  barrio son las calles Sotomayor, Rosas, Santo Domingo y Libertad, cercano a la comuna de Santiago y Quinta Normal. 

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Panorámica Plaza Yungay/ @piamaturana

Según historiadores el nacimiento del barrio se remonta al siglo XIX, aunque algunas de sus edificaciones son del siglo XVIII. Todo esto se construyó bajo el mandato del Presidente Prieto. Se dice que fue el primer barrio planificado de la ciudad de Santiago. Hoy tiene una imagen de barrio aristocrático, siendo parte de la historia y cultura chilena. 

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Plaza Yungay/ @piamaturana

Sin embargo, por más que hayan construcciones de tipo colonial presentes en Yungay, es la historia lo que envuelve el lugar: años de gran prosperidad económica, habitantes de clase media y media alta con gran nivel cultural y famosos personajes y familias que aportaron al desarrollo educacional cultural, político e institucional de Santiago y de Chile, como el poeta y músico Mauricio Redolés, el escritor Augusto d’Halmar, el escritor Nicomedes Guzmán y muchos otros.

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Iglesia San Saturnino, frente a plaza Yungay/ @piamaturana

Entre los lugares más atractivos que tiene el barrio, se destaca  su plaza homónima, que en su centro mantiene un monumento en homenaje al Roto Chileno, personaje nacional inspirado en los chilenos que lucharon en la Batalla de Yungay en 1839; el neo-clásico edificio del  Teatro novedades universidades, el Museo de Arte Popular Americano, el Teatro Camino, el Teatro Novedades, la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia de Los Capuchinos (edificada entre 1853 y 1861 con el diseño florentino de Eusebio Chelli), talleres artísticos, cafés, bibliotecas, etc.

 

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Monumento al Roto Chileno, Plaza Yungay/@piamaturana

Por otro lado, en el Bario Yungay vivieron grandes personajes donde se destacaban en diversas disciplinas. Algunos ilustres residentes destacados fueron el poeta y autor de la canción nacional Eusebio Lillo; el intelectual argentino, José Domingo Faustino; el científico polaco, rector de la Universidad de Chile, Geógrafo y naturalista, Ignacio Domeyko; Rubén Darío, que con las lecturas de Baudelaire, Gautier, Daudet y Byron, deambulaba entre los salones elegantes tradicionales y rincones populares del barrio; la cantautora Violeta Parra; etc.

Finalmente, podemos decir que el Barrio Yungay tiene mucha historia y cultura al rededor de sus calles, y lo mejor de todo es que cada vez con una mejor accesibilidad, ya que se puede llegar de manera directa por medio de línea 5 del metro en la estación Quinta Normal o tambien desde la estación Cumming.

¡No dejes de visitar un barrio de tradición popular!

El encanto de la Plaza del Roto Chileno

Por Marcela Zapata

  En medio de los cientos de rascacielos que abundan en la comuna de Santiago, existe un lugar que parece estar perdido en el tiempo. En este sitio, es posible abstraernos de los perturbadores ruidos de la capital, disfrutar del relajo que nos otorga el sonido del agua que brota de una hermosa pileta de piedra de antaño y deleitarnos con el cantar de un sin fin de aves que deambulan de árbol en árbol, con la esperanza de que su hogar no sea destruido por las grandes inmobiliarias que amenazan con la extinción de este mágico rincón, escondido en la zona poniente de la capital.

La atmósfera de este sitio es “única”, se respira paz, de esa paz que uno añora, cuando se vive en una ciudad que no descansa.

Este pulmón verde es un verdadero “oasis” inserto en el histórico “Barrio Yungay”. Barrio que albergó por años en el siglo XIX, a decenas de reconocidas familias aristócratas chilenas. Convirtiéndose con el paso del tiempo, en un sitio cargado de cultura e identidad nacional, ya que  en los alrededores que colindan con esta hermosa área, existen diversos centros culturales que nos invitan a empaparnos con un pasado que parece estar olvidado, o ser en definitiva, desconocido para muchos chilenos.

Sentarnos en este sitio, nos hace viajar en el tiempo, ya que la arquitectura presente en las zonas adyacente a la plaza del Roto Chileno de inmediato nos transportan a uno de los primeros barrios residenciales aristócratas que se construyeron en el casco histórico de la ciudad. Palacetes con medios puntos, columnas y hermosos balcones, son las evidencias que corroboran la existencia de un pasado opulento y europeizado. Sin embargo, existe un hito monumental que se impone en el centro de la plaza del Roto Chileno y que se roba todas las miradas de los vecinos, transeúntes y turistas que frecuentan este lugar. Este estatua “ícono” en Chile, se construyó en honor a los “criollos chilenos”, hombres que lucharon con valentía y estoicismo en la “Batalla de Yungay”, un día 20 de enero del año 1839, conflicto en que decenas de compatriotas se enfrentaron a la Confederación Perú- Boliviana, saliendo victoriosos.

El responsable que dio vida a esta obra de arte fue Virginio Arias, escultor chileno que diseñó y construyó esta escultura, que fue inaugurada en el gobierno del presidente José Manuel Balmaceda, en el año 1888.

Este monumento icónico del Barrio Yungay, es un hito que reconoce la labor de decenas de jóvenes que lucharon por la patria solo a cuesta de “valentía y amor a su tierra”. Es precisamente esta “moción” la que me hace invitarlos a que visiten este lugar porque como chilena creo que muchas veces no sabemos cuáles son las cualidades que nos representan e identifican como hijos de la patria.  Ir a la plaza del Roto Chileno es un trabajo de autoconocimiento, un ejercicio de entender nuestro pasado, nuestras raíces, para comprender el presente, un acto de reflexión, e introspección  y de construcción o potenciación de una identidad nacional potente.

Les aseguro que ir a visitar este lugar les dará más de una sorpresa.

La “capacidad de asombro” es una característica inherente al ser humano, por tanto deben dejar que sus sentidos reacciones antes los diversos estímulos que genera esta plaza “tan particular”, oculta en una ciudad que parece querer dejar el pasado olvidado, bajo los cimientos de las grandes “moles de cemento” que se elevan en la zona centro de Santiago.