Estación Mapocho: un espacio de cultura

Caminando por los barrios del Mercado y la Vega Central, llegué a un lugar donde muchas veces he ido a ver distintos tipos de eventos y exposiciones. El Centro Cultural Estación Mapocho, un recinto que recibe grandes eventos de distintas dimensiones y culturas.

Frontis del Centro Cultural Estación Mapocho.

Ferias

Hace casi tres años llegué al Centro Cultural de Estación Mapocho porque vi en las redes sociales la exposición de la feria Sia, donde iban a estar en el lugar todos los institutos profesionales, centros de formación técnica y universidades, ofreciendo sus servicios ofreciendo las carreras a estudiantes que postularan a la educación superior.

Entrada Centro Cultural Estación Mapocho

Cuando entré al recinto me encontré con muchos pabellones. La exposición era todo un éxito, ya que costaba caminar por la feria puesto que había muchísimas personas interesadas en encontrar el lugar preciso para estudiar lo que siempre pensaron.

Un poco de historia

El recinto es un lugar muy grande, con una cúpula en el medio. Caben más de mil personas y cuenta con espacios divididos para cada sector, incluyendo baño, cafeterías, sala de estar y más.

Para contextualizar un poco, puedo contar que este recinto fue transformado en centro cultural en el año 1991, bajo el gobierno del ex presidente Patricio Alwyn, cuando el país inició el concepto de una nueva cultura y reinversión por el proceso que Chile vivió bajo la dictadura.

Todo esto permitió que en el año 2009 el Centro Cultural ganara el Premio Internacional Reina Sofía, de preservación y conservación del patrimonio y difusión de la cultura. Esto fue considerado internacionalmente, puesto que en el país es conocido este centro por los constantes eventos masivos que exponen al público, conservando la cultura del país y la idea que autoridades tienen para reunir jóvenes en estas instancias de cultura.

El Centro Cultural ha albergado diversos tipos de eventos masivos, tales como ferias de cultura y artesanía, la gran feria FILSA (Feria del libro de Santiago), la feria Sia, eventos tales como Dinosaurios Animatronic, Los Transformes, entre muchos más, que cada mes se exhiben para la libre asistencia de público.

Cúpula del recinto

Para llegar a la Estación Mapocho, se aconseja llegar en Metro hasta la Estación Puente Cal y Canto (Línea 2).

Una visita al Castillo Hidalgo, la cumbre del cerro Santa Lucía

El Castillo Hidalgo, ubicado en el interior del cerro Santa Lucía -originalmente Cerro Huelén, monte sagrado para los mapuches-, se ha transformado en un centro de eventos que permite tener una visión muy diferentes de un lugar histórico.

Camino cerro arriba.

¿Qué fue en sus orígenes?

Se edificó en el año 1814-17, aproximadamente, durante la época de la Reconquista española, bajo el mandato del gobernador Casimiro Marcó del Pont.

A cargo de la ingeniería estuvo el brigadier español Manuel Olaguer y la obra fue llamada inicialmente como “Batería Santa Lucía”, funcionando como una fortaleza que protegía el Santiago de entonces.

Inscripción que da cuenta del origen del castillo.
Escalera del costado izquierdo del castillo.
Frontis del castillo, mirando hacia el norte de la ciudad.

Su nombre

El castillo lleva su nombre en recuerdo de Manuel Hidalgo, un capitán argentino que murió en la Batalla de Chacabuco ocurrida en 1817 al norte de Santiago, en la guerra final por la Independencia de Chile.

Posteriormente, en el año 1872, el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna inició las obras de reforestación y remodelación del cerro, convirtiéndolo en uno de los puntos neurálgicos de Santiago para la élite.  Dos años más tarde, el intendente convertiría el castillo en un museo indígena y luego en una biblioteca.

Vista de Santiago desde la cima del cerro.

Hoy en día es un centro de eventos, perfecto para matrimonios y celebraciones corporativas para empresas.

 

Costado del castillo.

Para llegar al castillo, hay que llegar ahsta la Estación Santa Lucía en la línea 1 del Metro. El ingreso es gratuito, registrando el nombre en el libro de visitas.

Una visita al Liceo de Aplicación

El Liceo de Aplicación fue fundado el año 1982 por el doctor alemán Jorge Enrique Schneider, su primer rector.

Nació de la mano del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile y su nombre es debido a la aplicación de las nuevas técnicas pedagógicas alemanas en la época, con el fin de la formación de profesores de enseñanza secundaria.

Enrique Schneider, primer Rector del Liceo de Aplicación.

Este establecimiento es de carácter púbico y dependiente de la Municipalidad de Santiago y es considerado uno de los liceos más tradicionales y emblemáticos de Chile. Sus alumnos van de séptimo básico hasta cuarto medio y desde 1916, en sus aulas funciona el Liceo Nocturno Federico Hanssen.

Patio central del establecimiento.

Visita al edificio

El edificio del liceo, ubicado en la Avenida Ricardo Cumming, fue declarado Monumento Histórico y posee 3.102 metros cuadrados de terreno. Sus dependencias están divididas en dos zonas, separadas por la calle Romero, pero unidas por el túnel subterráneo que las conecta sin necesidad de salir al exterior.

Generaciones antiguas

En el establecimiento podemos encontrar dos salas de museo muy importantes para la historia y vida del liceo.

Fetos embalsamados.

Sala Museo Gabinete de Ciencias

Se trabajó junto a la Universidad Católica para rescatar el patrimonio archivista del establecimiento, localizado en esta sala. Un profesor del Liceo junto a cuatro alumnos del colegio desarrollan el Taller de Patrimonio y llevan a cabo una investigación para reconstruir tres casos de estudiantes, detenidos desaparecidos en el periodo de dictadura.

Todos ellos eran militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), y mediante entrevistas a familiares se busca fortalecer el tema de la investigación histórica. El objetivo final es publicar la primera revista con tema histórico del liceo, permitiendo tener un área de profundización de la actualidad con estudiantes.

Mural en el patio.

Sala Museo Archivo Patrimonial

En esta sala se trabaja con el equipo de archivos escolares de la Universidad Católica. En este proyectos se busca ordenar más de 200 objetos que estaban repartidos por diferentes lugares y que dan cuenta de cómo se enseñaban las ciencias a principio del siglo XX en nuestro país.

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Rosal: hermoso y desconocido

Cuando nos hablan de Rosal no todos tenemos claro dónde está ni recordamos algún tipo de experiencia en dicho lugar. Sin embargo, la gran parte de los capitalinos han pasado alguna vez por allí.

Se trata de uno de esos recorridos ignorados por estar a las sombras de un barrio popular. La calle Rosal está ubicada aledaña y perpendicularmente a la reconocida calle José Victorino Lastarria.

Se cruza con ella, para luego esconderse en un callejón, donde los vehículos no pueden transitar, lo que lo hace un espacio sumamente tranquilo, lugar ideal para la existencia del Café Escondido y el Hooka Troopa.

Ventanas de una de las casas de la calle Rosal por la noche.

Detalles arquitectónicos

Si bien el barrio Lastarria es el lugar definitivo para un buen paseo, su popularidad lo hace en algunas ocasiones muy transitado, llenándose de comercio, ruido y mucha gente.

En cambio, la calle Rosal se camufla a la perfección y solo algunos peatones son capaces de aventurarse en un callejón lleno de detalles arquitectónicos y espacios de una estética sutil pero a la vez llamativa.

Se aprecia lo mágico de este lugar en sus apartamentos, puertas y ventanas, y se nota que hasta el momento pocos se dan el tiempo de disfrutarlo.

Puertas con diseños muy estéticos y adornos en sus ventanas.

La calle Rosal curiosamente se transforma en un estacionamiento de un edificio, ya algo más privado, terminando su pequeño recorrido a los pies del cerro Santa Lucía.

Pequeño, pero sin dudas se le puede asignar como un lugar hermoso y desconocido.

Una arquitectura peculiar, que le da un carácter diferente a la de otros barrios.

A un corte de lo clásico

El Barrio Yungay pertenece al casco histórico de la capital. Con edificaciones construidas desde siglo XIX, su estilo europeo clásico enamora a cualquier transeúnte que visite sus avenidas.

Sin embargo, la arquitectura no es tan importante como la gente que la ocupa. Y esto se refleja especialmente en lo que se vive en la esquina de Compañía de Jesús con Libertad, donde la cultura del viejo continente se une con la historia chilena.

Estamos hablando de la Peluquería Francesa.

Parte del edificio es ocupado por el Boulevard Lavaud.

Peluquería y restaurante

La peluquería comparte el edificio con un restaurante, que por cierto se llama Boulevar Lavaud, en recuerdo de los ancestros, me recibe nada más ni nada menos que un… francés. Vestido de traje y corbata en el hall para los asistentes al local, me da la autorización a fotografiar este tan reconocido sitio.

Salones con paredes decoradas de diversos  objetos, fotografías, artículos de dioarios y/o revistas del siglo pasado, el restaurante  se vuelve mágicamente en una ventana al pasado, un verdadero museo de este tradicional barrio capitalino.

No bastándole con sus salones de comida, el recinto cuenta con dos espacios que son simplemente para la contemplación de las personas que disfrutan de las reliquias históricas: El Almacén y el Coleccionista.

Salón del Boulevard Lavaud que lleva el nombre de calle Libertad.

Peluquería Francesa

Siguiendo con el recorrido, no podía faltar obviamente la razón del nombre del lugar: la peluquería.

Es aquí en donde me encuentro con Patricio Salinas, Chef Ejecutivo del restaurante, quien justamente se estaba cortando el cabello y afeitándose la barba.

Patricio, mientras se realizaba el corte, me cuenta que la peluquería funciona desde 1868 y que el restaurante se abre a comienzos del año 2000. “El restaurante lo abre Cristian Lavaud, el cuarto de su generación y dueño del local. El compra el terreno de al lado y lo arregla y después compra el de más atrás y así va formando lo que es el Almacén y el Coleccionista y el salón La Democracia que están ahora”.

Patricio cuenta además, que fue compañero de Cristian desde el colegio y que siempre se ha mantenido relacionado con el local.

Continuando con mi estancia en la peluquería, y con música de The Baseballs de fondo, hablo con Carlos, el jefe de los peluqueros. Cuenta que este lugar es de los pocos en Santiago que mantiene el procedimiento de la barbería clásica, ese de los años 50 y 60: “Ahora está lleno de colombianos y venezolanos que te ponen gel de queratina y simplemente te afeitan con máquina. Aquí te ponemos la crema afeitadora, las toallas calientes y te afeitamos con navaja” dice Carlos.

Procedimiento muy minucioso y relajado, que pude observar mientras Carlos atendía al chef Patricio.

Carlos, en el local de la Peluquería Francesa.

Finalmente, mi visita en la peluquería termina justo cuando Carlos culmina de afeitar a Patricio, quien, con una gran sonrisa y mostrando su afecto en abrazo hacia al barbero, parece haber quedado más que satisfecho con su rasurada.

En tanto, yo me retiro pensando en las ganas de que algún día me saliera barba para poder asistir al local como cliente y poder presumir de mi afeitada al estilo clásico… Algún día será.

La Peluquería Francesa en video:

Teatro Municipal de Santiago: epicentro del arte y la cultura

El Teatro Municipal de Santiago, ubicado entre las calles Agustinas y San Antonio, encanta al público por su majestuosidad y elegancia, brindando por 160 años grandes espectáculos culturales al país. Entre su cartelera continua se pueden encontrar obras, música y bailes.

Este edificio data del año 1857 y fue ideado por el arquitecto Francisco Brunet, quien se inspiró en el estilo neoclásico francés para su estructura y en el romanticismo europeo para su decoración.

El espectáculo que dio vida a sus tablas fue la ópera “Ernani”, del compositor Italiano Giuseppe Verdi. Sin embargo, su historia ha tenido episodios trágicos, marcada por una serie de incendios y terremotos que obligaron a la reconstrucción de gran parte del teatro.

Comparación entre la antigua y actual fachada

El primer incendio ocurrió en 1870, y se cree que la causa fue una falla en el sistema de iluminación a gas de la época. Hubo una gran pérdida tanto en su estructura como en la documentación que estaba en su interior. Lo anterior significó el detrimento de información referente a fechas y nombres de los autores de pinturas y esculturas pertenecientes al teatro, y hasta hoy solo se sabe que muchas de las obras están ahí hace mucho tiempo.

Sectores destacados

Foyer de Agustinas: es el sector de ingreso principal al teatro, que presenta esculturas y adornos que le dan la bienvenida al público. Un detalle que llama la atención de esta área es el nuevo techo implementado para separar los pisos. Anteriormente llegaba hasta el 4º piso en el término de la estructura, pero en una de las diversas remodelaciones se decidió poner un techo en la primera planta, lo que produjo que muchas esculturas que se suspendían en los alrededores del interior quedaran totalmente cubiertas en el salón de arriba.

Estatua decoración Foyer Agustinas

Sala principal: aquí se encuentra el teatro en sí, con el escenario y los asientos para el público, y destaca la belleza de cada detalle.

La audiencia tiene la opción de ubicarse en sectores de platea y galería.

Además están los palcos, que se dividen en dos espacios: el palco presidencial y el palco municipal, especial para las autoridades que asisten a eventos especiales como la gala anual del teatro celebrada el 17 de septiembre.

Además cuenta con una pintura que cubre todo el techo, y culmina con una gran lámpara en el centro como decoración principal.

Sala Arrau: nombrada así en honor al gran pianista nacional Claudio Arrau, antiguamente no tenía uso porque no poseía el techo de base del foyer principal.

En la actualidad es un salón para eventos y fiestas, y también es posible realizar presentaciones de ópera allí.

En este lugar están las estatuas suspendidas, entre las que destacan las imágenes de grandes compositores como Mozart, Verdi y Beethoven, entre otros.

Vista al ingreso de la sala Arrau

Vídeo explicativo

Viña del Mar: una calle de otra época

A pasos del metro Baquedano, 18 viviendas dan vida a una calle muy particular que sorprende y saca de lo cotidiano a las personas que generalmente caminan fijando su mirada en el suelo.

La calle Viña del Mar fue declarada como Zona Típica por el Consejo de Monumentos Nacionales en el año 1997. Este lugar se caracteriza por poseer casas de estilo inglés, todas de dos pisos y ordenadas linealmente, resultando muy llamativas a la vista.

Parte de la vereda sur de la calle Viña del Mar.

De diferentes colores pero siempre siguiendo el mismo estilo como podemos ver en la fotografía, las mayoría de estas casas ya no son viviendas personales, sino que tienen un uso comercial y empresarial, y es triste pensar que muchas de ellas son usadas como oficinas.

Construcción lineal que demuestra el modelo inglés.

Al caminar por la particular calle vino a mi mente inmediatamente una conocida serie inglesa llamada “Skins”. Por un momento me sentí dentro de uno de sus episodios, y es esa magia la que me hará volver continuamente a simplemente observar estas casas.

Casi llegando a la mitad de este conjunto de viviendas me encontré con una casa puente que nos conecta con la calle José Arrieta. En su interior las paredes están completamente cubiertas por un mural de mosaicos.

Casa puente que conecta ambas calles.

Pasar por dentro de la casa puente es totalmente recomendable: las imágenes fabricadas con mosaicos llaman la atención y dan ganas de tomar fotografías y tocar el relieve de los muros.

Calle José Arrieta, la cual intersecta la calle Viña del Mar.

Para llegar a la calle Viña del Mar debes bajarte en el metro Baquedano, y desde ahí caminar por Av. Vicuña Mackenna hacia el sur, pasando las calles Arturo Burhle, Almirante Simpson y Eulogia Sánchez.

Las plantas se toman esta casa.

 

¿Conoces la Iglesia de los Sacramentinos?

Ubicada en la calle Arturo Prat con Santa Isabel en la comuna de Santiago de Chile, dedicada al corazón de Jesús, e inspirada en la Basílica del Sagrado Corazón en París, la Iglesia de los Sacramentinos empezó a construirse en 1911 con motivo del primer Centenario de Independencia y funcionar además desde 1928 como parroquia para toda la comunidad.

Vista del Templo de los Sacramentinos desde la calle Arturo Prat.

Una desconocida particularidad

El que hasta hoy se considera uno de los hitos arquitectónicos más importantes para Santiago, posee una desconocida particularidad.

Fue construido por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo, quien a petición de los sacerdotes, desarrolló una segunda iglesia subterránea que estuviera disponible con mayor anticipación que el templo completo, el que producto de sus detalles y lujos, tardó aproximadamente 26 años en construirse, según contaba uno de sus sacerdotes.

Tuvo un uso para misas más íntimas, matrimonios, conciertos de música clásica y principalmente funerales.

Además, tiene ventanales que podrás observar desde la calle Santa Isabel, y aunque no está abierta tan habitualmente como el templo, cualquiera puede ingresar a esta iglesia bajo tierra. 

El convento 

A su mano derecha, entre el mismo templo y el teatro de Espacio Diana,
se encuentra lo que solía ser el convento, el que tiene una conexión directa desde un costado del altar.

Este fue denominado monumento histórico en 1991, y además, actualmente está pasando por un proceso de remodelación para convertirse en un importante centro cultural.

 

Convento de los Sacramentinos.

 

Incendio en 2016 

Esta iglesia que por cierto jamás fue terminada, fue la segunda construcción más grande e importante que hubo en  nuestro Santiago del siglo XX, y que en sus memorias se distingue hasta las heridas de un incendio durante el pasado noviembre del 2016.

Afectado por los pastizales que estaban a un costado de las calles Santa Isabel con Arturo Prat, aún es posible observar los daños que dejó el incendio en el margen izquierdo de la Iglesia de los Sacramentinos.

Extremo derecho de la iglesia, deteriorada por el incendio.

¿Cuándo ir?

Actualmente funciona como un templo abierto para todo público de martes a viernes de 10:30 am a 12:30 hrs de mañana, y de 15:00 pm a 18:00 hrs de tarde. Para confesiones, está abierto todos los días de 15:30 a 20:00 hrs por la portería de Santa Isabel.

Altar de la Iglesia de los Sacramentinos

Portal Edwards: de más a menos

El Portal Edwards es un lugar icónico de Estación Central.

Ubicado a pasos del metro Unión Latino Americana (Línea 1), se instaló como uno de los primeros centros comerciales de la comuna. Sin embargo, su destino actual es muy diferente al que se le quiso dar cuando se ordenó su construcción.

Portal Edwards a comienzo del 1900 ( Foto: http://urbatorium.blogspot.cl)

Historia

Mandado a construir por María Luisa MacClure de Edwards en el año 1890, el edificio fue una revolución en la Alameda por su imponente estilo hecho de ladrillo y madera, generando una belleza única, sin dejar indiferente a nadie.

La construcción duro tres años, desde 1899 hasta 1901 y constaba de tres pisos; fue diseñado por el arquitecto Carlos Barroilhet Budge.

Al comienzo el edificio contaba con el Hotel Royal, ya que en aquella época la comuna era un centro bastante concurrido por extranjeros. También incluía un casino, un teatro y un bar como principales centros de recreación, además del Cabaret Viena. El edificio permitía una gran variedad de actividades, principalmente hechas para la clase alta de la población, pero esto mismo fue provocando su declive.

La migración de la clase con mayor dinero del país hacia sectores ubicados al oriente de la capital influyó en su deterioro. El hotel, que era el principal imán del edificio, empezó a disminuir su asistencia de clientes por lo que tuvo que cerrar. El primero piso se transformó en recinto para pequeños almacenes comerciales y en 1976, un gran incendio destruyó gran parte del alicaído edificio.

Portal Edwards hoy en día.

Centro comercial

Ya en condiciones deplorables se comenzó a pensar en su demolición, pero gracias a actuación de los vecinos del sector, la mega estructura pasó a ser monumento histórico del país en 1978. Aun así en 1985, el terremoto que afectó a la zona central del país lo destruyó casi totalmente, obligando a su demolición. A fines de los 80´ se inauguró en dicho espacio el actual Portal Edwards que poco y nada conservó del primer edificio.

Hoy es un centro comercial, de color granate, que contiene varias tiendas en su primer piso, algo muy lejano al principal e imponente edificio que se construyó a fines del siglo XIX.

Interior del portal.

 

Belleza y mística en torno al Parque Forestal

El Parque Forestal es uno de los sitios más acogedores de la ciudad, con lugares que aumentan increíblemente la calidad de vida de cualquier persona que viva a su alrededor. En este espacio se reúnen distintas actividades recreativas y sociales, convirtiéndose en un espacio emblemático de la expresión y cultura santiaguina.

No es el parque propiamente tal lo que llena de valor todo este espacio verde y pequeño pulmón de aire fresco, sino que también es la particular arquitectura que le rodea, llena de estilos del Santiago antiguo combinándose con la modernidad, dándole un misticismo muy poco común en el resto de la capital.

Una de las cosas más particulares de aquella arquitectura, son las diversas entradas o puertas de cada uno de los edificios, con diseños distintos en sus rejas, que combinan con los colores e iluminación de cada edificación. Así se transforman en portales visualmente atractivos, con colores llamativos pero muy armoniosos, sobre todo en la noche, cuando se mezcla con el ambiente bohemio por su cercanía al barrio Bellavista

4 rejas de las entradas de los distintos edificios que rodean el parque.

Decoraciones

Otra de las llamativas características es la mística que se materializa en las decoraciones personalizadas de los departamentos, ya cargados de una belleza auténtica y diferente.

Los habitantes de estos edificios sin dudas deben tener cercanía con el romanticismo, el arte y la armonía con su entorno.

Balcones adornados con lo que parecen ser hombres de paja, colgados desde el cuello, da una primera impresión de perturbación. Pero el sentido estético y la manera en que están dispuestos en las ventanas, colgando junto a verdes plantas, es simplemente un deleite visual y de sensaciones agradables, con el color marrón invadiendo las miradas que se disparan desde el centro del parque forestal.

Departamento con abundantes plantas, coronado con figuras de hombres colgando.
Hombres de paja colgando desde una ventana a modo de espejo.

Un paseo totalmente gratis, por partes que parecen de un museo al aire libre, complementando un viaje que puede partir con el museo de Bellas Artes.

Colores, formas, diseños y estructuras que invaden todo lo que rodea al parque forestal. Sin dudas, un espacio que vale la pena rescatar y sobre todo cuidar, como icono de nuestra cultura artística, de eventos sociales y lugar para algunos más románticos que funciona como una perfecta fuente de inspiración y belleza.

Las caminatas nocturnas pueden ser un verdadero placer en noches de verano.

Para llegar al Parque recomendamos ir en metro hasta la Estación Baquedano y luego caminar por calle Merced en dirección hacia la Plaza de Armas. Que la vista los vaya guiando.