Chillanense, Londinense y al final, Santiaguino

Josué Smith Solar es un ejemplo de hombre internacional. Nacido en Chillán en 1967, de ascendencia estadounidense, estudió en Estados Unidos y Europa. No fue sino hasta su vida adulta que llegó a pisar Santiago. Entonces, ¿qué hace este sujeto en la sección de Santiaguinos?

Para responder a esa pregunta, hay que volver un poco atrás, cuando Josué se desplazaba entre Londres y Moscú. Ahí es donde el señor Smith descubrió un gusto especial por el diseño urbano, y donde conoció a su inspirador y mentor, Theophilus Chandler, padre del gótico victoriano.

Eventualmente regresa a Chile en 1894, a los 27 años de edad, ya casado con Cecilia Miller, con la cual ya tenía hijos para entonces. Aunque su objetivo original era Chillán, los negocios lo llevaron a la capital, Santiago. El motivo era un trabajo bastante simple, solo un par de diseños y, si la providencia lo permitía, volver a Europa a la brevedad. Sin embargo, Smith Solar vio algo en esta ciudad. Algo con potencial.

Poco a poco, la firma de Smith Solar, y después la de Smith Solar y Smith Miller (en conjunto con su hijo), se convertirían en sinónimo de Santiago. Los dos edificios más icónicos son el Hotel Carrera y el Club Hípico, los cuales son fuertes exponentes de la corriente gótica que Josué estudió en su juventud y que terminó por implementar él mismo en Chile.

Al final, ese corto viaje a Santiago se convirtió en su vida, y la familia Smith Miller se estableció en Calle República, en una casa diseñada y construida en el mismo estilo gótico.

Josué Smith Solar no fue un santiaguino de nacimiento, ni vivió en Santiago hasta ya adulto. Sin embargo, terminó dándole forma a Santiago. Ese esfuerzo y dedicación son lo que lo hicieron Santiaguino, y son lo que define a quienes les importa esta ciudad.

Plaza Brasil: En medio de todo

Si hay algo que caracteriza a Santiago como ciudad es su constante ciclo de demoliciones y construcciones. Día a día desaparecen más casas para dar paso a edificios que usen el terreno con más eficiencia. Sin embargo, aún quedan algunas ‘islas’ la atura altitud arquitectónica. Este es el caso de la Plaza Brasil, que todavía conserva ese panache de ese Santiago más clásico y menos mecánico.

Aunque la llegada no es especialmente compleja, -dos paradas del Transantiago en la misma plaza y la estación del Metro Cumming a dos cuadras- sí toma tiempo apreciar por completo lo que la ciudad ofrece en este lugar.

En primer lugar, la plaza es especialmente amigable con los niños. En el centro de esta, entre varios árboles sorprendentemente saludables, se encuentran las estatuas-juegos hechos por Federico Matta. Sería injusto decir que todas se encuentran en perfectas condiciones, pero eso no detiene a los niños de jugar en ellas como si estuviesen nuevas.

Para los mayores, la plaza tiene las relativamente más recientes máquinas de ejercicios. Esas que se encuentran en casi todas las áreas de recreo público a lo largo de Santiago y algunas regiones. Alrededor hay siempre vendedores de dulces, helados y juguetes, junto con artesanías y libros así la plaza ofrece a toda la famila algo durante un paseo.

Pero como todo en Santiago, la Plaza Brasil no está aislada. Alrededor se encuentran toda clase de restoranes y negocios, siendo los primeros los que definen el atractivo familiar del lugar durante los fines de semana. Hay dos opciones que conozco personalmente y que quiero recomendar:

El primero es Juan y Medio, ubicado al sur de la Plaza, cerca de la esquina de Huérfanos con Brasil. La única forma de describir apropiadamente el lugar es ‘chileno’, no hay otra palabra en el vocabulario hispano que le haga justicia. Desde el ambiente, con músia en ocasiones, hasta la carta en la que se reconocen los ingredientes de un buen asado, Juan y Medio es un restorán que te recuerda lo agradable que puede ser vivir en Chile.

Y en segundo lugar, está Los Chinos Ricos, al este de la plaza , a la mitad de Brasil. A primeras luces, parece el típico lugar de comida rápida china, pero de hecho es uno de los primeros de su tipo en Santiago. Creo que el primer restorán chino que he pisado, y en veinte años ha conservado una calidad propia y reconocible, con sabores marcados y una preparación precisa. El ambiente es más bien austero y sobrio, pero al mismo tiempo acogedor y cálido.

Pero eso no es todo. También están los cafés La Canela, Paris y Cronopios , los cuales si bien caros, mantienen cierta calidad y el ambiente es agradable. También la repostería Filippo Gelato D`Autore, con casi toda clase de postres y finalmente está el restorán vegano Arvoleda que sirve comida hecha en casa con una reconocible familiaridad.

Para todos los gustos.

De la cacofonía, música

Santiago es una ciudad que tiene muchas caras, como un cristal cortado en varias formas. Desde lejos no se diferencia mucho de la arquetípica ciudad. Pero, si uno cambia por un punto de vista, esos pequeños detalles que definen las cosas comienzan a aparecer. Por ejemplo, esa constante cacofonía que la ciudad constantemente expulsa en todas direcciones contiene música, pero para oírla hay que detenerse y prestar atención.

Para escuchar tal cosa, uno de los mejores recorridos es el que se hace a pie entre las estaciones Universidad de Chile y Plaza de Armas, del Metro Santiago, preferiblemente en ese orden. En primer lugar se toma la salida noreste, la cual da al inicio de la calle Huérfanos y donde se encuentra la primera parada:

Al salir del metro es usual encontrar a una pareja tocando la guitarra y la flauta dulce, usualmente interpretando cuecas y/o canciones de Los Jaivas e Illapu. Su interpretación no es completamente fiel y a veces no sigue el mismo ritmo, cambiando entre allegro y andante según la estrofa. Pero uno ve que ambos están disfrutando tocar juntos y eso le da un buen sabor a su música.

Uno continua en dirección a la Plaza de Armas -hacia el norte- cuando, antes de llegar al primer cruce en Moneda y ahí hay un guitarrista. Ahora, lo esperable, casi obvio, sería la típica interpretación de temas de rock, alternando entre los temas hispanos y anglos más reconocibles. Sin embargo, lo que el joven toca es algo completamente diferente; Cha-La Head-Cha-La de Chiho Kiyooka y Yuriko Mori. También conocido como el tema de Dragon Ball Z. Es tanta le emoción con la que lo interpreta y tal la fidelidad al tema original que es imposible no remontarse a un capítulo de la serie mientras toca.

Ese mismo entusiasmo se encuentra una y otra vez al subir por Ahumada. Como por ejemplo, el dúo de cellos que está entre Moneda y Agustinas, tocando Le Galop infernal (la canción del Cancan) a una velocidad y coordinación sorprendentes. O frente a la casa central del Banco de Chile donde se puede escuchar una agradable mezcla de temas de los 80’s en saxofón interpretada al compás propio de un blues.

Pero al llegar a la esquina de Huérfanos con Ahumada, en lugar de seguir hacia el norte y llegar a la Plaza de Armas, se puede doblar hacia la izquierda e ir hacia el oeste. Por toda la cuadra de recorrido se puede escuchar Con te Partiro hasta llegar a Bandera¸ donde una mujer canta opera sin micrófono, en el corazón de Santiago, y domina sobre el ruido a su alrededor.

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Con te partirò, paesi che non ho mai. Veduto e vissuto con te, adesso sì li vivrò.

Memoria Visual para una ciudad distraída

Si hay algo que los santiaguinos han aprendido a hacer, a un nivel prácticamente instintivo, es el efecto conocido como ‘visión de túnel’. Esto es la capacidad de un individuo para ignorar por completo todo lo que no esté relacionado con un objetivo. Lo anterior viene al caso en la estación Universidad de Chile, del Metro Santiago.

Por su ubicación junto a puntos de importancia económica, social y civil, la estación en sí es un centro no oficial de la ciudad. Esto implica una afluencia masiva de usuarios. Estamos hablando de miles de personas al día, los cuales un aproximado de cinco son conscientes de que pasan directo en frente de uno de los murales más importantes del mundo.

Originalmente, la estación debería ser el punto de convergencia entre la Línea 1 y la Línea 2. Pero, debido a una falta garrafal de coordinación, esto nunca pasó y Universidad de Chile quedó con todo el espacio entre el andén y la calle ya escarbado y sin uso. Por supuesto, siendo esto Santiago, el espacio se llenó de tiendas. Sin embargo, esas enormes paredes que pudieron producir millones en publicidad, obtuvieron algo distinto.

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Así es como nació “Memoria Visual de una Nación”, la cual consiste en la reproducción surrealista de la historia de Chile. La obra ha sido catalogada como una de las obras más importantes de Latinoamérica por publicaciones como Lonely Planet y la BBC.

Memoria Visual… consiste en dos partes principales, Pasado y Presente. Cada una ubicada en los extremos oriente y poniente de la estación, respectivamente. De igual forma, cada una se divide en tres partes, ubicadas en los costados opuestos de los andenes y sobre la entrada del túnel del tren.

Antiguos pobladores
Antiguos Pobladores: Los pueblos precolombinos de Chile, entre sus mitologías y tradiciones.
La Conquista
La Conquista: Los conquistadores españoles, irrumpiendo en el terreno desconocido y virgen, cambiándolo para siempre.
El Encuentro
El Encuentro: El choque entre conquistadores y nativos. El principio un país, y el fin de una época.
Homenaje a la poesía
Homenaje a la poesía: Los artistas y sus obras, fundidos como uno solo y dedicados a su arte.
Los Conflictos
Los Conflictos: El rojo de la bandera, que es la sangre de los caídos por su país. En diciembre de 2015 incluyó una pieza censurada, representando el caso “Quemados” (inf. izq.)
Tributo a nuestro océano
Tributo a nuestro océano: Superpuesto entre artes y conflictos, sirviendo como terreno neutral. Ese tesoro, ese misterio.

 Y todo esto no es exclusivo de la estación Universidad de Chile, ni mucho menos atípico del Metro Santiago Estaciones como Plaza de Armas, Moneda, Ciudad del Niño y Bellas Artes, entre otras, tienes exposiciones similares. Todas están abiertas al público en general, y generalmente a la vista desde los propios andenes.

Lo único que hay que hacer es ver.

Turismo y fe en la Catedral de Santiago

Es difícil recordarlo, ya que Chile es oficialmente un país laico, pero una gran mayoría de la población son cristianos, o por lo menos siguen las mismas ideas. De eso pude acordarme el pasado Viernes Santo, cuando se me ocurrió la idea de visitar la Catedral de Santiago.

En primer lugar, Santiago estaba desierto. Pero aun así, la Plaza de Armas seguía igual a cualquier otro día de año; llena hasta el tope. Y como foco de todo el movimiento, la Catedral de Santiago. Ni tan imponente, ni tan modesta, es una de esas construcciones que puedes ignorar si quieres, pero que si le prestas atención, te sorprende. Supongo que eso se debe en parte a su diseño, medio clásico y medio gótico, tan simple y lleno de detalles al mismo tiempo.

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Apenas logro entrar y ya quiero revivir algunas tradiciones del tipo templario. El lugar entero está lleno de turistas, como si fuese otro parque más. No hay silencio ni para los feligreses orando, ni para los deudores esperando su turno con el confesionario. Solo hay turistas señalando y fotografiando como si las personas fuesen parte del espectáculo.

Trato de pensar en que haría Jesús en este caso, y recuerdo que echar a los presentes a patadas está dentro de las opciones, pero decido ignorar el asunto y seguir adentrarme por la Nave Derecha. Esta es donde están los altares a soldados de la Guerra de Independencia y a los santos chilenos; Sor Teresa de los Andes y el Padre Alberto Hurtado. Aunque la presencia de turistas no ha aminorado, si lo ha hecho el ruido. Al parecer, aún queda respeto por esta clase de cosas.

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Por fin logro llegar a la Nave Central y lo que encuentro es simplemente sorprendente; A ambos costados de la Nave hay escaleras de mármol que llevan por debajo del suelo hacia la misma Cripta Arzobispal. Ahí fue donde me sentí de verdad en una iglesia. Los viejos Obispos, Arzobispos y por alguna razón Diego Portales y Tomás Ovalle, descansan en el más austero de los silencios.

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Subo las escaleras por el otro costado y termino en la Nave Izquierda, donde el arte es más del tipo teológica. Camino hacia mi derecha para adentrarme un poco más en la catedral antes de irme. Así encuentro lo primero que realmente me sorprende en todo el día; Una placa de mármol que conmemora el asesinato del sacerdote Faustino Gazziero en la misma Catedral, hace un poco más de diez años.

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Así es Santiago y así es su Catedral. A primera vista parece tan mundano. Pero luego te adentras y empieza a sorprenderte, hasta que decides poner atención y por un momento te quita el aliento.