El lado oscuro del cerro Santa Lucía

Fuente Neptuno en el Cerro Santa Lucía.

Ubicado en el pleno centro de Santiago, el cerro Santa Lucía es uno de los principales puntos turísticos de la capital. El solo hecho de que una metrópolis como Santiago tenga un cerro en pleno centro, llama la atención de cualquier turista que se pasee por la ciudad.

Es un lugar que mezcla hermosas construcciones de siglos anteriores y extensas áreas verdes que sirven como un pulmón en medio de una ciudad gris y bulliciosa. Además, es un punto de fácil acceso y llegada, existe una estación de metro (Santa Lucía, línea 1) que te deja a pasos de la entrada principal del cerro y se puede visitar todos los días de la semana de 9 a 20 hrs.

Pero más que un punto turístico, el cerro Santa Lucía es un punto histórico de nuestra capital. Desde monumentos a Pedro de Valdivia y Gabriela Mistral, hasta la inauguración del paseo en el cerro por el histórico intendente de la región metropolitana Benjamín Vicuña Mackenna.

 

Camino “La Mina”, ladera del cerro.

Cementerio en el cerro

Pero existe un punto negro en esta historia que envuelve al cerro, una historia que muy pocos saben y están al tanto de lo que hace siglos se hacía.

Antes de que Domingo Santa María dictara la Ley de Cementerios Laicos en 1883, la Iglesia Católica tenía una costumbre con las personas de diferentes creencias: el entierro o abandono cruel de muertos no-católicos en las laderas del cerro Santa Lucía.

Las creencias católicas en ese entonces, llevaron a la iglesia a levantar muros en los cementerios para separar sus muertos de los “profanos”, no teniendo escrúpulos para enterrarlos o abandonarlos en uno de los principales centros turísticos de Santiago.

Entre los desterrados que no merecían una sepultura digna de un “católico” estaban los judíos, masones y protestantes.

El ex intendente Benjamín Vicuña Mackenna, puso en 1874 una placa en honor a todos estos compatriotas y extranjeros avecindados en Chile, que no tuvieron un entierro digno por su fe.

Placa en honor a los despatriados, septiembre 1874.

Luego, el 21 de octubre de 1964, a finales del gobierno de Jorge Alessandri, se colocó una segunda placa en este pequeño homenaje.

Segunda placa en homenaje, octubre 1964.

Tras años de lucha, se creó en el cementerio general, el Patio de los Disidentes N°1 para que protestantes tengan un entierro digno. Aproximadamente 3000 personas se encuentran sepultadas, entre ellas el predicador callejero Juan Canut de Bon, de quien proviene el apodo “canuto” usado para referirse a los evangélicos protestantes, y el Reverendo José Manuel Ibáñez Guzmán, el primer pastor chileno y latinoamericano.

Pocos conocen esta historia, pocos saben las atrocidades que se cometieron siglos atrás. Pocos saben que las laderas del Santa Lucía esconden una gran y trágica historia.

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